Ir al contenido principal
Transparencia para Tod@s
Apuntes del taller homónimo impartido por Adrián Samuel Bonilla Núñez.
Coordinación General de Transparencia del Gobierno Municipal de Puebla-Ibero Puebla.

Luis Rubio [ @lrubiof / http://luisrubio.mx ] Observador, analista y columnista, procura entender los problemas de nuestro tiempo y ofrecer a sus lectores una perspectiva razonada de sus puntos de vista. En 2001 comenzaba la aventura de cambio como bandera política post erradicación de las tepocatas y víboras prietas de Los Pinos. Ese mismo año se publicaba la primera ley de transparencia y acceso a al información pública del país, en Jalisco, que será gobernado por el PRI nuevamente, desde que Carlos Rivera Aceves dejó el cargo, en 1995. Luis Rubio publicaba el 4 de febrero de 2001 un texto intitulado: “Información”, publicado en el periódico Reforma: “La información es la esencia de la democracia”. Información es poder, dicen, power to the people —they say. El reto era grande entonces. El reto es grande ahora. Pasaría al menos un sexenio del cambio para que los congresos estatales aprobaras las leyes que daban vida al DAIP en las entidades federativas de México. La Agenda del Buen Gobierno comenzaba a echar a andar andamiajes para la transparencia, el acceso a la información pública, el combate a la corrupción, la generación de una cultura de rendición de cuentas. Rubio planteaba una política de apertura informativa con implicaciones democráticas y funcionales sobre la burocracia heredada de gobiernos corporativistas que posterior a la elefantiasis del estado, se postraban junto con la reforma administrativa en una modernización y gerenciación pública. Rubio termina su texto señalando que “A la larga, la apertura a la información constituiría quizá el paso más revolucionario de la administración”. Debiera decir: las administraciones. Finaliza: “Su decisión (de Vicente Fox) tendrá que girar entre el riesgo de abrir (así como el de no abrir) y la oportunidad que semejante transformación entrañaría para el desarrollo del país.”

---


Información 

Por Luis Rubio. 

4 de febrero de 2001. Reforma. 

La información es la esencia de la democracia. Con información, el ciudadano tiene la 
herramienta que le permite optar, decidir y actuar. La información le permite consagrarse 
como ciudadano y ejercer ese privilegio en todos los ámbitos de su vida: el del debate 
privado o público que va dando forma y matiz a la opinión de una sociedad; el del voto, que 
constituye la manifestación más directa del ejercicio de un derecho político; y el del 
consumo, que entraña decisiones que incorporan desde la percepción que tiene cada 
individuo sobre el futuro, hasta la comparación entre distintos bienes o servicios. Sin 
información, la vida en sociedad es simplemente imposible. 

Quizá no haya tema más complejo en la relación entre gobernantes y gobernados que el de 
la información. El tema conlleva toda clase de aristas: desde lo que el gobierno hace hasta lo 
que requiere el ciudadano para actuar; la diseminación de la información a través de los 
medios y la frecuente propensión de los políticos a tratar de mediatizar, modificar y controlar 
la información para que sirva a sus propósitos; la autonomía indispensable que requiere el 
funcionario público para poder trabajar y la rendición de cuentas en que se fundamenta toda 
sociedad democrática. La información es el meollo de la relación entre una sociedad 
democrática y su gobierno. Sin información no hay democracia.  

Pero la palabra "información" no dice nada por sí misma. Es a la vez todo y nada. Quizá la 
pregunta más importante no se refiera a "qué" tipo de información se requiere, sino "para 
qué" debe ser la información. Visto desde esta perspectiva la respuesta puede ser más 
simple de precisarse. En todos los países hay información que la ciudadanía requiere e 
información que debe ser restringida. La diferencia en nuestro país jamás ha sido acotada: 
en general, históricamente, toda la información ha sido restringida con excepción de la que 
se ha hecho pública sin mediar un criterio claro y explícito que marque la diferencia. En los 
países democráticos lo común es que ocurra lo contrario: toda la información es pública, 
excepto la que, por su naturaleza, compromete la seguridad del Estado o del país. Aunque la 
diferencia de enfoque podría parecer pequeña, sus implicaciones son dramáticas.  
Para comenzar, una apertura informativa implicaría un cambio fundamental en la relación 
gobernantes-gobernados, además de definiciones precisas que hasta la fecha ningún 
gobierno ha tenido o querido realizar. Cuando toda la información está disponible, el 
gobierno tiene que sujetarse al mandato de la ciudadanía; cuando la información está 
restringida, es el ciudadano el que acaba sometido al gobierno y su burocracia. En este 
sentido, no cabe la menor duda de que la información y la democracia van de la mano.  

Pero ¿qué tipo de información es la que debe ser pública? La respuesta es muy simple: toda 
la información que no sea estrictamente secreta bajo una definición explícita y 
preestablecida debe ser pública. El punto medular es que el ciudadano tenga acceso a la 
información que considere necesaria para ejercer su ciudadanía a cabalidad. Esto implica no
sólo (y, en muchas ocasiones, no fundamentalmente) números, sino criterios, regulaciones, 
formas de acceso y reglas del juego. Lo que el ciudadano necesita es a) poder interactuar 
con el gobierno en su calidad de ciudadano, es decir, poder exigirle cuentas a los 
gobernantes; y b) saber cómo puede actuar en la sociedad, en la economía y en el propio 
gobierno para poder desarrollar actividades empresariales, para consumir y para 
desarrollarse como persona y como ente económico y social.  

En la actualidad, el gobierno mexicano, además de ser una fuente extraordinaria de datos, 
estadísticas e información en general, tiene una presencia imponente en los ámbitos más 
diversos de la vida cotidiana. Es muy poco lo que un ciudadano común y corriente puede 
hacer sin, tarde o temprano, acabar teniendo que enfrentarse a una burocracia 
malhumorada, que además se siente mal pagada, y saturada de argumentos (cuando no 
instrumentos) para impedirle al ciudadano hacer algo. Más allá del anecdotario que todos y 
cada uno de los mexicanos hemos acumulado a lo largo de los años sobre el maltrato que 
en forma cotidiana nos propinan los burócratas, el problema comienza por el hecho de que 
el ciudadano no cuenta con la información pertinente de nada.  

El ciudadano que se presenta ante una ventanilla para realizar un trámite tiene mucha 
menos información que el burócrata sobre el procedimiento a seguir, circunstancia que con 
la mayor de las frecuencias conduce a que el ciudadano acabe dando una y otra vuelta 
antes de poder concluir un trámite. Quizá el extremo lo constituyan los juicios agrarios, cuya 
duración se mide en décadas. En definitiva no se necesita ser un genio para reconocer que 
la asimetría en la información disponible es uno de los principales factores que conducen a 
la corrupción. De haber equidad en la información y una definición precisa, no sujeta a 
interpretación, de los requisitos específicos que conlleva cada trámite, la corrupción 
disminuiría y la población podría dedicar su tiempo a actividades más productivas y 
benéficas que las que en la actualidad realiza.  

De esta forma, en lugar de discutir cuánta información debe ser pública, el esfuerzo 
gubernamental tiene primero que abocarse a definir las reglas que permitan distinguir la 
naturaleza de la información -en el sentido más amplio- con que cuenta el gobierno. Es 
decir, el gobierno debe definir una política de apertura absoluta a la información y dedicarse 
a instrumentarla. Esto que parece, en concepto, muy sencillo, entraña una verdadera 
revolución, quizá una revolución mucho más profunda que la del 2 de julio pasado.  
Una política de apertura informativa trae consigo dos grandes implicaciones. La primera, la 
que podría ser llamada "democrática", constituiría un cambio de 180 grados en la manera en 
que se gobierna al país. A partir del momento en que se decidiera adoptar este camino, el 
gobierno -y todos sus empleados y funcionarios- dejaría de gozar de una fuente de control 
sobre la ciudadanía. Al ser la información de datos, estadísticas, gasto, ingresos, criterios, 
regulaciones, requisitos, etcétera, pública, el funcionario tendría que ser cuidadoso de cada 
una de sus decisiones y actos: a partir de ese momento su gestión no sólo sería evaluada 
por su jefe o por la contraloría interna, sino también por la ciudadanía. Quizá esto parezca 
poca cosa, pero habría que recordar que muchos honorables funcionarios públicos, de cuyo 
comportamiento muchas veces deshonesto dependía el funcionamiento de la maquinaria 
priista del pasado, decidieron no correr el riesgo de verse sometidos al escarnio público, 
factor que sin duda contribuyó a la limpieza de la última elección federal. 

La segunda implicación de una apertura informativa tiene que ver con el impacto que ésta 
tendría sobre el funcionamiento interno del gobierno. Un gobierno acostumbrado a guardar 
la información como si se tratase del tesoro de Moctezuma no puede cambiar de manera de 
ser de la noche a la mañana. Peor, no podría hacerlo aun si quisiera sin que antes se 
definieran criterios de acción y decisión precisos para todas y cada una de las actividades 
que realiza el gobierno. Cualquiera que conozca cómo funciona en realidad el gobierno -de 
hecho, los tres niveles de gobierno- sabe bien que no existen definiciones de nada sobre 
cómo se hacen las cosas. La flexibilidad priista, es decir, la posibilidad de cambiar cualquier 
criterio en cualquier momento, es la esencia del comportamiento burocrático. En este 
sentido, la apertura informativa también implicaría el desmantelamiento del modus operandi 
del viejo sistema político. No es difícil imaginar el tamaño de revolución que implicaría una 
verdadera apertura de la información.  

El compromiso del entonces candidato Vicente Fox de lograr la transparencia en la gestión 
gubernamental y la rendición de cuentas por parte de los funcionarios públicos debería 
empezar con la apertura informativa. De cumplir con ese compromiso, el gobierno tendría 
que abocarse a llevar a cabo una serie de definiciones precisas y específicas sobre temas 
centrales para el desarrollo del país como son: la libertad, la discrecionalidad gubernamental 
y la regulación. En concreto, esto requeriría precisiones en una diversidad de conceptos y 
ámbitos: ¿qué es información?, ¿cuáles son los derechos de los ciudadanos, a diferencia de 
súbditos?, ¿cómo informar?, ¿quién es responsable de la información?, ¿cuál es la función 
de los boletines de prensa?, ¿qué información es secreta?, ¿qué criterios existen para definir 
la naturaleza secreta de una determinada información?, ¿a través de qué medios y vehículos 
se va a diseminar la información?  

El número de preguntas que tiene que ser formulado es literalmente infinito y muy difícil de 
contestar. Además, si uno sigue por este camino, muy rápido llega a otro tema escabroso, el 
de la relación entre el gobierno y los medios de comunicación. Por donde uno le busque la 
complejidad es enorme y la capacidad del gobierno de llevar a cabo una apertura informativa 
inmediata es claramente muy limitada. El escrutinio público es elemental, pero también lo es 
el ordenamiento de la actividad gubernamental. De hecho, irónicamente, para poder llevar a 
cabo una apertura informativa es indispensable que primero se lleve a cabo una reforma 
interna del gobierno. Difícil sería encontrar un mejor acicate para transformar al gobierno y al 
país.  

El presidente Vicente Fox no la tiene fácil en este tema. Dada la coyuntura en que estamos, 
producto en buena medida de las expectativas generadas por sus promesas de campaña, el 
Presidente tiene que decidir si comienza el proceso de apertura, desatando con ello una 
verdadera revolución interna, o si reniega de su oferta de campaña en aras de evitar el 
conflicto que inevitablemente produciría una acción de semejante envergadura. En Tabasco 
y en Yucatán, el gobierno ha mostrado una disposición a tomar riesgos en aras de inducir los 
cambios que el país requiere y que son a todas luces inevitables. A la larga, la apertura a la 
información constituiría quizá el paso más revolucionario de la administración. Su decisión 
tendrá que girar entre el riesgo de abrir (así como el de no abrir) y la oportunidad que 
semejante transformación entrañaría para el desarrollo del país.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Jules, un viaje sonoro

Jules, un viaje sonoro Por Pedro Marín Meléndez Para Jules, «La música es misteriosa. Tiene el extraño poder de elevarnos al cielo o hundirnos en un abismo. No importa el estilo, no importa la técnica, pues la magia está siempre presente. No hay límites... sólo la imaginación» viaje sonoro | http://viajesonoro.blogspot.com El viaje sonoro. El viaje sonoro evoca a salir del lugar común con dirección incierta o bien con itinerario completo y detallado, siempre, a través del sonido, por lo general, de la música. Para definirlo partamos de un par de desgloses conceptuales, por separado: viaje nombre masculino 1 Acción de viajar: iniciamos el viaje en Medellín y lo finalizaremos en Caracas; durante el viaje en tren estuvimos jugando a las cartas. 2 Trayecto de una parte a otra, en especial transportando una carga: en tres viajes habremos llevado todas las cajas. 3 Cantidad de una cosa que se transporta de un lugar a otro de una sola vez...

La iconoclasia de mis supuestos primeros tenis Puma

Puma representa un símbolo inonoclasta en la era cultural de las marcas no-Logo , el salto de su emblema , un puma saltando, rebasa la linealidad del tiempo hacia la generación de un estilo avant garde de la moda en todo tipo de stuff deportivo , que ha permeado en los subconcientes colectivos de nuestras generaciones posmodernas. El reposicionamiento de la marca en los últimos años en países como el nuestro también advierte un cambio de significación en las clases sociales, estamos ante un hito de status , un cambio de roles, un nuevo clásico de lo IN . La solidificación del torbellino cromático en su gama de productos, así como la reclasificación del arcoiris hacia públicos más plurales, hacen de la pumarización mediática un ejercicio antojable para la creación de un way of life . Terminando con esta parafernalia , Puma fue una causa perdida en aquel verano en Europa en 2005 , se antojaba la temporada de rebajas en varias tiendas de Francia y España, el desfile de ejem...

Santa Semana Tuxpan'07

Mis apellidos son Marín Meléndez , pero en el fondo llevo puesto el de Becerra ... Con el paso del tiempo uno se da cuenta que las diferencias de nuestros padres pueden ser un factor de unión para los hermanos de familia que pueden ser primos, sobrinos, tías, hijos, nietas. En mi familia por la parte Meléndez aprendimos temprano, aunque no fácilmente, que la muerte es una pieza de arte hacia la integración . Tómenlo o déjenlo, nos ofrece una invitación a la reflexión y la oportunidad de un segundo chance para continuar con nuestros proyectos de vida . Estos, en compañía de nuestra familia y nuestras familias , son más factibles porque cuando los compartimos entre otros seres cercanos, al dejar que salgan de nuestras bocas, miradas y correos electrónicos , se establecen lazos de complicidad . Y esta complicidad la mayoría de las veces nos remite al empuje necesario para seguir adelante, remando, contra viento y marea , a través de las enseñanzas de vida de aquellos a quienes recordamo...