Ayer, Martes 6 de marzo de 2007, peregrinamos desde la ciudad de los Ángeles Caídos de los Volcanes (léase Puebla) hacia la Ciudad de México en medio de una ola de tráfico exhuberante, accidentes de non plus ultramar-ea de asfalto y nuevos distribuidores viales, como los 475 de Enrique Doger aquí en la capital...
Leit motif: Carmina Burana, de Carl Orff, en el Auditorio Nacional, 20:30 hrs. Parecía distante, salimos a las 17:20 hrs. de Puebla y nos econtramos con un solitario camino asfáltico lleno de gente, caos, vendedores de pepitas, largas colas, señalamientos interminables y luces del atardecer...
Pero no estábamos solos, en la distancia, a unos cuantos miles de kilómetros desde Aracataca hasta México y de ahí al espacio inexistente de Macondo y de regreso a nuestro país, el Gabo engalanó el día, la tarde y la noctámbula iniciativa de llegar puntuales a la Carmina presentación de gala con boletos de primera fila en el Auditorio del Lunario Nacional. Miles de pensamientos macondianos inhundaron el planeta entero en el avatar del 80 Aniversario del nacimiento del escritor Colombiano, y mexicano según Monsiváis, Gabriel García Márquez, Gabo. El octagenario meta-artista celebró su BirthDay como suele hacerlo, sin celebración alguna. 80 años de soledad, dicen, o como se publica en Etcétera, en sus Textos, «El éxito que vino de la soledad», o como dice Isma, si todos leyeran alguna vez a Márquez, todos querrían leer siempre...
La comunidad mundial celebró la literatura, alzó en brazos el mástil de las bellas artes, de la vida misma, del realismo mágico, del Macondo Creador. La comunidad de la artisteada firmó al Gabo ayer con deseos de 3000 años más, de la magia que brota de sus manos macondianas, de la evocación de un amigo, de la sencilles del grandiosismo, de los enamoramientos tempranos, de los enamoramientos lejanos, de la iluminación, de los amorosos encuentros y el misterio, de la imprescindibilidad del relato gabiano, de la literatura que no suelta, del estilo que no se inventa, de la soledad que se hereda y se contagia y se escribe y se vive....

Gracias a la parafernalia gabiana, llegamos en una pieza al Auditorio, just in time para una meadita urgenciosa, para encontrarnos con más de 60 artistas en escena, entre solistas, coros y orquesta: Carmina Burana, otra vez, siempre, ante los solitarios ojos del escribidor que soy yo, en medio de la nada y junto a 9 mil almas que se distanciaban de la memoria de mis sentidos la noche de anoche.
El concierto se ejecutó a dos pianos, con la Orquesta del Vienna Percussion Plus, además del Coro Collegium Technicum de Eslovaquia,bajo la dirección del maestro austriaco Georg Kugi, quien ha sido director huésped de orquestas como Viena Mozart Orchestra, Symphony Orchestra Eremitage, St. Petersburg and Camerana & Zagreb Philarmonic.
En una primera parte, el programa estará integrado por piezas de óperas como Trubadur, Nabucco y Lohernrin. Para el segundo segmento, el tenor Joaquín Asiani, la soprano Brigitta Karwautz y el barítono Rissi Nikoff interpretarán los cantos goliardos del manuscrito medieval que Orff retomó en 1937 para crear la cantata escénica más Carmina & Burana del mundo.
Fortuna Imperatrix Mundi alcanzó mi soledad infinita y me sumérgió en una hondonada bryce-echeniqueana llena de barricadas, ensoñaciones multiculturales y microversos, nomás que en chiquito porque la pieza erógena sucumbió antes los embistes del tiempo y el final llegó con aplausos y miles seres que se pusieron de pie para aclamar sus viajes bondadosos del Arcana Musicae.
Como Gabo dice: «Soy uno de los seres más solitarios que conozco»....
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