23 de abril de 2009, 8 de la mañana.
Llegamos al hospital. Días antes la maleta de viaje estaba lista, sólo lo necesario y explícitamente autorizado por la institución de salud sede del acontecimiento. Despedidas breves y un no rotundo a violar la política del hospital de NO dejar entrar a la pareja para grabar en video la llegada del baby, acompañaron los trámites de las responsivas y un par de papeles que ni siquiera hoy recuerdo, pero sí que las firmé. Un par de besos nerviosos con ansia de adelantar en un fast forward de antaño, como las viejas videocassetteras Betacam en los tiempos de los primero videos para ver en casa: E.T., Tiburón, Rambo... Desde hacía varias horas la tecnología del ultrasonido dejaba lagunas de satisfacción. Quería ver ya su cara, su mirada, sus ojos, su piel y escuchar los latidos de corazoncito, los movimientos que durante la etapa dentro de la panza, hacían lucir como escena terrorífica de peli de ficción, como cuando en el espacio nadie te escucharía gritar...
Y en el espacio donde yo estuve no te escuché gritar, pero la relatoría de tu mamá advierte que fue todo un conciertazo ese primer contacto de tus cuerdas vocales con este nuevo mundo. Lo curioso es que días más tarde ese gran concierto se había convertido en arias silentes de la más agradable pero a veces preocupante tranquilidad sin llantos.
La trabajadora social nos dijo por ahí de pasadas las once de la mañana que ya habías nacido, que en breve los pasarían, a tu mami y a ti, al cuarto. En el intermezzo invité a desayunar a tu abuela E, acompañamos el nerviosismo con huevos y harto café estilo Toks. Eran las dos de la tarde y llegó la noticia del cambio de turno, característico por qué no, de estos momentos jamás palaciegos, mientras que la noticia de que ya podía verte no llegaba aún. Y otra noticia para alguien como tu padre que se acostumbra –o malacostumbra– a la tecnología, además de no poder estrenar la videocámara de la línea de grabación SD que compré para atestiguar tu llegada con o sin concierto, y era que en la víspera perdí el cargador de la Palm Treo donde tengo mis contactos, mis tareas, mis notas, mi agenda y mis fotos de primera instancia, lo cual –por fortuna– me bloqueó de mi estado de nerviosismo del mundo del trabajo y de las felicitaciones en camino, al menos por un par de días...
23 de abril de 2009, 3 de la tarde.
Luego de varias horas de espera, asistí al único recurso para mi tranquilidad, nuevamente, tecnológico, mi iPod. No acudí a lista específica, me fui directo al random. Ya había bajado el último ultrasonido a mi mac –recurso tecnológico de nuevo– y hasta buscaba la manera de hackear la red inalámbrica del hospital, que no se dejó.
La música filtró mi ansiedad que pronto se vio acalambrada por la invitación –o fue un ultimatum de que alguien debía subir a verlos...?– de subir con ustedes 5 minutos, como la autesca canción... recordé las líneas: "voy a quedarme cinco minutos, cincominutos, los que me quedan, y olvido el luto, cinco minutos, cinco y no más", sin Tepoztlán y sin tequila, cinco y no más...
Mi viejito –como a veces le dice su mamá– nació el jueves 23 de abril, día de san Jordi, día mundial del libro, entre el festival Barroquísimo y la contingencia sanitaria de ciertas influenzas. Seguro que algún día descubrirás que sin duda seré una mala influencia, o tal vez te lo diga tu mamá, pero al final de los tiempos seguiré siendo tu padre, con todo el amor que te tengo desde que que cambiaste mi vida, este jueves y todos los jueves & todos los días de mi vida. Me dijo EL MEN que este día algunos pudieron regalarles una rosa a tu mamá y un libro a ti, porque en Barcelona San Jorge es también el día de los enamorados... pero no fue así porque no estamos en Catalunya. Algunos más pudieron regalarte un cubrebocas.... un minicubrebocas con tela de pañal super absorvente, pero no estamos en el D.F.
Lo que sí te regalaron –I did– fue un alergioso con nerviosismo abrazo, cuando te cargué por vex primera en el cuarto del hospital, que sería tu casa y tu primer baño, sólo una noche, una y no más. Cinco y no más y no fue que volví a verte hasta las cinco de la tarde, la hora de la visita, donde había ya una pequeña fila para ver a tu mami y de paso a esa criaturilla que viajó en la panza materna durante casi 9 meses. Así que me eché tres veces cinco minutos , quince minutos, quince y no más.
24 de abril de 2009, 11 de la mañana.
A las once de la mañana de la mañana siguiente, era la hora de los trámites de salida, de la alta, aunque fue de hecho de la baja-da ya que el cuarto estaba en la primera planta. Salimos con un regalo del hospital y una sarta de recomendaciones de la enfermera en turno. Tus primeros rayos de sol y un calor de primavera regaron tus primeras vivencias. Subimos al auto y tu mamá se negó a abordar la parte trasera con los dolores naturales del parto. Mi nerviosismo y alguna vez en mi mente llegué a pensar que era taquicardia romañesca aunque no tan exagerada. Así, con las intermitentes y a baja velocidad, me di a la tarea de realizar toda una proeza, tratar de no caer en algún bache por esos dolores naturales que naturalmente no fue así y naturalmente te dolió, pero el viaje se acompañó de música. Mi querido viejito, llegaste a la casa escuchando medio álbum de No line on the horizon.
En tu primera tarde en casa, se vació la pila completa de mi iPod en sesión aleatoria, entre las listas de reproducción de children, rock, alternative, music of the world y algunos sountracks. Pronto, la internet fabulosa me brindaría la línea de Rockabye Baby! Lullaby Renditions of Bjork, Radiohead, U2, The Beatles, Nirvana, The Cure, Smashing Pumpkins, Coldplay & Pink Floyd. Pero los gustos impuestos los comento en otra entrada de este blog.
23 de abril de 2009, 3 de la tarde.
Luego de varias horas de espera, asistí al único recurso para mi tranquilidad, nuevamente, tecnológico, mi iPod. No acudí a lista específica, me fui directo al random. Ya había bajado el último ultrasonido a mi mac –recurso tecnológico de nuevo– y hasta buscaba la manera de hackear la red inalámbrica del hospital, que no se dejó.
La música filtró mi ansiedad que pronto se vio acalambrada por la invitación –o fue un ultimatum de que alguien debía subir a verlos...?– de subir con ustedes 5 minutos, como la autesca canción... recordé las líneas: "voy a quedarme cinco minutos, cincominutos, los que me quedan, y olvido el luto, cinco minutos, cinco y no más", sin Tepoztlán y sin tequila, cinco y no más...
Mi viejito –como a veces le dice su mamá– nació el jueves 23 de abril, día de san Jordi, día mundial del libro, entre el festival Barroquísimo y la contingencia sanitaria de ciertas influenzas. Seguro que algún día descubrirás que sin duda seré una mala influencia, o tal vez te lo diga tu mamá, pero al final de los tiempos seguiré siendo tu padre, con todo el amor que te tengo desde que que cambiaste mi vida, este jueves y todos los jueves & todos los días de mi vida. Me dijo EL MEN que este día algunos pudieron regalarles una rosa a tu mamá y un libro a ti, porque en Barcelona San Jorge es también el día de los enamorados... pero no fue así porque no estamos en Catalunya. Algunos más pudieron regalarte un cubrebocas.... un minicubrebocas con tela de pañal super absorvente, pero no estamos en el D.F.
Lo que sí te regalaron –I did– fue un alergioso con nerviosismo abrazo, cuando te cargué por vex primera en el cuarto del hospital, que sería tu casa y tu primer baño, sólo una noche, una y no más. Cinco y no más y no fue que volví a verte hasta las cinco de la tarde, la hora de la visita, donde había ya una pequeña fila para ver a tu mami y de paso a esa criaturilla que viajó en la panza materna durante casi 9 meses. Así que me eché tres veces cinco minutos , quince minutos, quince y no más.
24 de abril de 2009, 11 de la mañana.
A las once de la mañana de la mañana siguiente, era la hora de los trámites de salida, de la alta, aunque fue de hecho de la baja-da ya que el cuarto estaba en la primera planta. Salimos con un regalo del hospital y una sarta de recomendaciones de la enfermera en turno. Tus primeros rayos de sol y un calor de primavera regaron tus primeras vivencias. Subimos al auto y tu mamá se negó a abordar la parte trasera con los dolores naturales del parto. Mi nerviosismo y alguna vez en mi mente llegué a pensar que era taquicardia romañesca aunque no tan exagerada. Así, con las intermitentes y a baja velocidad, me di a la tarea de realizar toda una proeza, tratar de no caer en algún bache por esos dolores naturales que naturalmente no fue así y naturalmente te dolió, pero el viaje se acompañó de música. Mi querido viejito, llegaste a la casa escuchando medio álbum de No line on the horizon.
En tu primera tarde en casa, se vació la pila completa de mi iPod en sesión aleatoria, entre las listas de reproducción de children, rock, alternative, music of the world y algunos sountracks. Pronto, la internet fabulosa me brindaría la línea de Rockabye Baby! Lullaby Renditions of Bjork, Radiohead, U2, The Beatles, Nirvana, The Cure, Smashing Pumpkins, Coldplay & Pink Floyd. Pero los gustos impuestos los comento en otra entrada de este blog.
Comentarios
Muchas felicidades!!!!
LuKiA